Metas, Esfuerzo y disciplina
Por Lizzy Picado | 19 enero, 2017

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El poder de la Resilencia

Escrito por Miguel Arguedas el 13 octubre, 2014
El poder de la Resilencia

Mientras estemos vivos, nuestra vida está propensa a dificultades como la represión, la tensión, el estrés, la pobreza, o por el contrario, la lucha por el éxito, la competitividad o la presión por el logro de las metas existentes.

También podemos encontrarnos bajo amenazas o riesgos más traumáticos como desastres naturales, guerras, muerte en la familia, el abuso infantil, abandono, enfermedad severa, accidentes, etc.

Aunque yo prefiero llamarlo desafíos, son todas esas pruebas, problemas o adversidades, a las que tenemos que hacer frente y buscar sobreponernos.

Entonces la resilencia (o resiliencia) viene a ser esa capacidad flexible de “enfrentarnos, superar e inclusive salir fortalecidos” ante las dificultades.

Desarrollar la resilencia

Existen distintas circunstancias que favorecerán o no el desarrollo de la resilencia en cada persona. En primera instancia la autoestima consistente, la independencia, la capacidad de relacionarse, el sentido del humor, la moralidad, la creatividad, la iniciativa y la capacidad de pensamiento crítico, todos estos sustentados en la educación, las relaciones familiares y el contexto social. Con algo de todo eso más el soporte de otras personas, es que podemos hacer frente a la vida y sus dificultades.

Como consecuencia de la resilencia ante determinada dificultad, podremos NO superarlo del todo y vivir traumatizados, o podemos superarlo y seguir sobreviviendo, o quizás mejor podemos aprender y generar una estructura defensiva fuerte y útil.

Con una visión optimista y positiva, algunas adversidades permiten a la persona desarrollar recursos y habilidades que desconocía hasta el momento, haciendo de una dificultad, una ganancia. Por eso es necesario buscar el lado bueno de todo desafío.

Es una decisión

La resilencia se vale de nuestros reflejos, innatos o no, para responder ante la adversidad.

Cuando una persona no encuentra salida a sus problemas, tampoco encontrará sentido a su vida. Si sobrelleva las dificultades, se mantiene en pie para seguir adelante mientras sobrevive. Pero cuando una persona construye su resilencia, está construyendo su felicidad.

Si usted ha sufrido y busca respuestas, primero pregúntese:

  • ¿Qué va a hacer con sus heridas?
  • ¿Planea hacerse la víctima para llamar la atención y conseguir auxilio?
  • ¿Prefiere vengarse mostrando su sufrimiento y culpar a quienes le hicieron daño o se negaron a ayudarle?
  • ¿Sufrir a escondidas y mostrar un rostro falso?
  • ¿O luchar para salir adelante y levantarse a pesar de todo?

Esto último es la esencia de la resilencia. Pero fácil o no, es una decisión individual que hay que confesar personalmente. Se requiere autoconfianza y fuerza de voluntad, y de ello depende que todo empiece a tener sentido.

Educar en la resilencia

Los especialistas afirman que la resilencia está vinculada a la autoestima y se requiere mejorar las características individuales y personales, de formación del carácter y crecimiento personal. Por lo que es importante trabajar con los niños desde pequeños para que puedan desarrollar sanamente esta capacidad.

A los niños se les debe guiar durante su primera etapa de vida de forma eficiente, a fin de que desarrollen una forma constructiva de enfrentarse a la vida; que se les motive positivamente para que puedan enfrentarse a las diversas situaciones que pudieran anteponerse en su camino y consigan sobrellevarlas sin sufrir un daño profundo.

Se sabe que un niño con buena autoestima se transformará en un adulto con buena capacidad de resilencia, por lo que estará preparado para superar los obstáculos que encuentre a lo largo de su vida.

Todos los padres debemos ser conscientes de que la felicidad de nuestros hijos no será algo provocado por la casualidad o la buena suerte; nada más lejos de la realidad. Una de las mayores responsabilidades de los padres es poner a disposición de nuestros hijos, una serie de herramientas positivas que ayuden a la formación de un nivel alto de resilencia frente a los problemas; para ello es ideal brindarles comprensión, optimismo, buen humor, afecto y ayudarlos a aceptarse y confiar en ellos mismos. Por el contrario, aquellos niños que son maltratados, humillados o incomprendidos son menos propensos a conseguir enfrentarse sanamente a los conflictos.

Conclusión

La resilencia, es el arte de superar la adversidad, pero como todo arte, debemos perfeccionarlo.

Algunas personas al enfrentarse a un problema permiten que éstos los superen, pero hay otras que no lo permiten y que consiguen continuar con su vida sin problemas. Incluso, muchas llevan esta actitud a un nivel superior y transforman ese problema en un desafío constructivo; es decir que ese problema los ayuda a desarrollar más y mejores destrezas.

Aunque estamos expuestos a enfrentar dificultades, no hay herida que no sea recuperable. Así hayamos sido abandonados, martirizados, inválidos o seamos víctimas de cualquier adversidad, el ser humano es capaz de tejer, desde los primeros días de su vida, su resilencia, que lo ayudará a superar los traumas. Pero tenemos que aprender a evolucionar. Es nuestra responsabilidad.

Por derivación entenderemos mejor el sentido de la vida. Y es que en realidad la felicidad no es fácil de alcanzar, pero si es posible.

El precio puede ser alto pero, los que no lo intentan lo pagan más caro aun. Si una herida es demasiado grande, hay que encontrar resilencia en nuestro interior o buscar ayuda, de lo contrario será arrastrar una lenta agonía. Cuando se desea, toda mala experiencia tiene una salida vital y se puede edificar con buenas experiencias futuras. O sea, hay que iniciar en algún momento pero entre más pronto mejor.

No hay escusas, a levantarse y seguir adelante.

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