Metas, Esfuerzo y disciplina
Por Lizzy Picado | 19 enero, 2017

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Cuidado de personas mayores: empatía y profesionalismo

Escrito por Carla Martinez el 5 agosto, 2016
Cuidado de personas mayores: empatía y profesionalismo

Vivimos en un mundo en el que más que nunca conceptos como la alteridad, la solidaridad y la empatía pueden ser la única respuesta para hacer de nuestro espacio uno digno para vivirlo con nuestras familias y seres queridos.

Y si hay una situación en la que la empatía y una actitud profesional son decididamente fundamentales, es en el cuidado de personas mayores. Y es que a veces, cuando la vida nos pone en la posición de cuidar a una persona de la tercera edad, es cuando más debemos apelar a la idea de que la única forma de comprender al otro, es intentar ponernos en sus zapatos.

El primer paso será reconocer que no todas las personas de la tercera edad son iguales. A veces tendemos a homogenizar a esta población, que es por definición, heterogénea y diversa. Hay personas de diversas edades (de los 60 hasta los más de 90 años), en distintas condiciones de salud psicológica, física y emocional, con niveles adquisitivos, educativos y de vida diferentes entre sí, con expectativas, personalidades y necesidades tan ampliamente variadas como las del resto de la población. ¿Por qué debería tratarse siempre de “abuelitos” de caricatura?

Una vez superada la etapa de homogenizar a esta población por desconocimiento, es momento de reconocer que el envejecimiento es un proceso fisiológico normal que involucra un desgaste, un cansancio, y es normal. Pero que enfrentándolo de forma activa y positiva no tiene por qué reducirse a dejarse decaer y entristecerse por lo que ya pasó: la juventud, la etapa de “plenitud” laboral, o los hijos que han partido.

En ese sentido, un cuidador debe ser una persona con la capacidad de ponerse en el lugar del otro y comprender tanto su situación como sus necesidades específicas. Ello ya es complicado cuando la persona que cuidamos es de nuestra familia, pero en una sociedad que envejece, en la que el cuidado sanitario profesional de las personas mayores se profesionaliza y se hace cada vez más necesario (siendo inclusive una fuente importante de empleo), la empatía tratada como herramienta de profesionalismo es una característica que no puede faltar.

Es sólo ésta la que nos permitirá entender las necesidades concretas de actividad física y social, de conversación y actividades recreativas, de nutrición y de higiene. No es lo mismo lo que demandará una persona con buena salud y que toda su vida fue muy deportista y quiere continuar con ese ritmo, a una persona que tenga una enfermedad crónico-degenerativa como la artritis reumatoide, o una persona que padezca una demencia. Todas esas pequeñas diferencias deben ser tratadas con el mayor de los respetos, y es ahí que el profesionalismo y la empatía juegan un rol fundamental.

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